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Calentura, consumismo, calentamiento |
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Hace pocos
días culminó en París una reunión muy importante para toda la
humanidad. Cerca de quinientos científicos del planeta pusieron sus
conocimientos y estudios en común acerca del cambio climático y sus
proyecciones futuras.
Ponderar los
datos del cambio climático, analizarlos y compararlos corresponde a los
científicos y otros especialistas. Pensar qué conductas hay que
modificar frente a estos datos es una cuestión ética, y corresponde a
todos los ciudadanos. Organizar el Estado, las leyes, las políticas
económicas y de control, corresponde a los dirigentes de la sociedad:
políticos, empresarios, economistas.
“Mala gente que camina y va apestando la tierra”
Podemos
afirmar que una suerte de voracidad consumista, apoyada o estimulada por
la inequidad mundial, ha llevado a zona de riesgo a los ecosistemas que
componen el mundo llamado “tierra”, pero que también es aire, agua,
humanidad, biodiversidad. |

Caricatura de
Alfredo Sabat que acompaña la publicación impresa en Diario
La Nación |
Hoy se pueden realizar películas consideradas de “ciencia ficción” sin
necesidad de inventar creativamente datos inexistentes; basta con
proyectar a futuro —no muy lejano— escenarios del presente. Algunos ya
hace años que vienen advirtiendo acerca de la posible “guerra del agua”
promediando la década del 20 de nuestro siglo.
El 20% de la
población mundial ubicada en los países más ricos es dueña de más del
80% del producto bruto mundial, mientras que el 20% más pobre posee sólo
el 1%. ¿Es el Planeta “el hogar de la humanidad? ¿A qué parte de los
miles de millones de seres humanos abarcamos con el término “humanidad”?
¿No se está consolidando una mirada economicista y materialista que ve
al mundo como “fuente de recursos”?
Estos “modelos” de
desarrollo —¡qué modelitos!— están apoyados en prepotencia e injusticia
a nivel global. Aceptamos algunas aberraciones demasiado naturalmente.
Veamos entonces. Una vaca recibe un subsidio de cuatro dólares diarios
en Estados Unidos y siete dólares diarios en Japón. En Argentina muchos
comedores escolares reciben un subsidio de menos de un peso diario por
alumno. Las conclusiones sobran. Juan Pablo II reclamaba en 1998 una
“justicia social a nivel global”.
Las desigualdades
se han instalado en varios planos: entre hemisferios, continentes,
países y habitantes de un mismo territorio. Los niños que acompañan a su
papá y su mamá a cartonear por la noche, por la mañana no están en
igualdad de oportunidades en el colegio que quienes durmieron en casa en
el horario adecuado. Los niños de hoy —pobres o ricos—, tal vez tus
hijos, nietos, sobrinos, vecinos, no tendrán el mismo mundo que
nosotros. La inequidad se expande también a las generaciones.
La sobreproducción y
sobreoferta nos está llevando a colapsar y agotar el planeta. Mientras
para algunos es sólo una fuente de recursos ¿inagotables? y
enriquecimiento, otros pretendemos verlo como nuestra casa común.
Está instalado el
paradigma del “desarrollo exacerbado”, maximizar beneficios, producir
más allá de lo realmente necesario. Deberíamos ser conscientes de que no
todo lo que es posible de realizar es bueno hacerlo. Los principios
éticos deben regular la acción humana. El límite hay que buscarlo en lo
bueno y lo malo, no en lo realizable.
Hablando en
criollo, hay una dinámica de “calentura consumista” que arrasa con todo:
“rulo veo, rulo quiero —o algo que suena parecido— y pago lo que sea”.
Es una actitud caprichosa y egoísta que no mide consecuencias porque no
interesa. Despilfarra para no saciar. Si la conducta se rige por el
consumo desmedido, se continuará generando exclusión y pobreza extrema
junto a graves impactos al medio ambiente. Es urgente valorar y difundir
estilos de vida austeros y sencillos que nos ayuden a promover una
cultura de la solidaridad y la justicia.
También hay un
desplazamiento programado de “producciones sucias” del Primer Mundo al
Tercer Mundo, o del norte al sur, que para esto también existe.
El elevado
consumo de oxígeno de la industria estadounidense (y de otros recursos
naturales renovables y no renovables) le hace responsable del 30% del
calentamiento global con fuerte incidencia en el cambio climático:
efecto invernadero, aumento del nivel del mar, pérdida de masa en
glaciares, disminución de superficie del continente antártico, deterioro
de la capa de ozono, sequías, inundaciones, etc.
Hay fuertes
intereses económicos que se sienten cómodos afirmando que el cambio
climático es un invento de “militantes verdes”, o una exageración
alarmista. Pueden decir con
enojo que “dos más dos no es cuatro” y seguir viviendo como si fuera
tres o seis.
Mientras nuestros
amigos del Imperio —¿aclaramos de qué Imperio?— se dedican a
guerras “preventivas” y no firman tratados internacionales, algo podemos
hacer.
Echemos una
mirada sobre nuestro país, sobre el cual sí somos soberanos.
Aunque nos duela
decirlo, a nuestra sociedad y sus dirigentes —políticos y sociales— no
les importa el cuidado del medio ambiente. Tenemos conductas
destructivas. Existe claramente una falta de definición de políticas
públicas en el mediano y largo plazo junto con una débil aplicación de
los marcos normativos en la materia. Si el mundo estuviera organizado al
revés y nuestro país fuera el centro hegemónico del “Imperio del Sur”,
no sé si la suerte del Planeta sería mucho mejor.
Algunos ejemplos
expresan con claridad esta problemática:
-
En materia de políticas
agropecuarias: la concentración de la propiedad de la tierra en pocas
manos, la expansión de la llamada frontera agrícola, la tala de bosque
nativo para plantar soja. La ausencia de manejo adecuado de pesticidas,
fertilizantes y agroquímicos provoca el deterioro grave de los suelos y
la creciente contaminación de napas de agua y arroyos.
La falta de políticas
sustentables de cuidado del suelo y el avance progresivo de la
desertificación, también causado por la extensión de monocultivo, que
deja de lado la rotación de tipos de siembra y ganado.
-
En materia de protección de
los recursos: la falta de políticas públicas sustentables de protección
de fuentes acuíferas frente al creciente interés extranjero en su
apropiación, la ausencia de políticas públicas sustentables en materia
de contaminación atmosférica y su mitigación.
-
En cuanto a inversiones, las
deficientes políticas respecto de los procesos y emprendimientos en
relación a los recursos naturales, su protección, explotación y
beneficios recibidos (por ejemplo, en materia minera en varias
Provincias cercanas a la Cordillera).
-
En cuanto a nuestros recursos
ictícolas: la todal ausencia de cuidado en la explotación de la merluza,
el calamar y el langostino, entre otros, en los mares. También merece
atención la extracción del sábalo en los ríos. Al riesgo de falta de
cuidados locales se suma el peligro de la depredación extranjera con
buques factoría.
Éstos son algunos ejemplos
que nos muestran cómo la falta de políticas públicas en materia de
recursos naturales y ambiente, inciden en la alteración del equilibrio
ecológico y la biodiversidad en diversas zonas del país. A su vez, el
modo en que las lluvias golpean a poblaciones de provincias del norte
está relacionado con la falta de ponderación adecuada de las
consecuencias de reemplazar bosque por soja, y evidencian la carencia de
programación preventiva.
Contaminación
y... ¿riqueza o pobreza?
En este sentido,
podríamos seguir enumerando una serie de actividades muy rentables para
unos pocos que degradan y maltratan los ecosistemas a la par que la
calidad de vida de la sociedad en su conjunto. Nos empujan a naufragar
en un Riachuelo pestilente descontaminado varias veces con promesas
verbales incumplidas.
¿Quién se
enriqueció con las curtiembres, petroquímicas y otras industrias que
contaminaron el Riachuelo? ¿Cuántos habrán sido sobornados para no
controlar o denunciar el incumplimiento de la normativa vigente?
Los que más
sufren la contaminación son los pobres. Viven cerca o sobre los
basurales, tienen problemas con las napas de agua y no pueden comprar
agua envasada, entre otros males.
Consumen lo más barato que suele ser lo
menos controlado. Los insectos
y las enfermedades que se acomodan y se instalan en esta biodiversidad
creada por la pobreza y el abandono, atacan a los más chiquitos, los
bebés y niños de las villas, provocando enfermos endémicos, en muchos
casos, para toda la vida.
Destruir el medio ambiente,
los ecosistemas, es destruirnos.
Degradar la naturaleza es
degradarnos.
Descuidar es descuidarnos.
Pocos días
después de la última Navidad algunas noticias daban cuenta de un
crecimiento del 20% en el consumo respecto de la misma celebración del
2005. ¿Eso es motivo de alegría? ¿Cómo se organizó o preparó la sociedad
para recibir toneladas de papel, cartón y plástico? No siempre consumo,
progreso y desarrollo crecen juntos o son sinónimos de calidad de vida.
Tal vez puedan
organizarse en las escuelas y los barrios, campañas concretas acerca de
no tirar las pilas en cualquier lado o cómo tratar los residuos
plásticos y aquellos que más perjudican las napas de agua. Pensemos en
algunas zonas concretas del Conurbano bonaerense y de tantas ciudades de
nuestro país. Y ojo que hay varias comunidades
en la Argentina que ya lo vienen haciendo y creando conciencia de
planeta-hogar: entonces, copiemos esos modelos replicables.
Judíos y
cristianos, junto con otras confesiones religiosas, coincidimos en que
los seres humanos fuimos creados por Dios en comunión con toda la
creación. El hombre es el mayordomo, de ella se sirve y sirve a la
creación. No fuimos creados “por otro lado”, sí independientes y
diversos.
Mitología y no griega
precisamente
Cuidado con algunos mitos:
-
No se
puede perder el tren, la cuestión es subirse ahora o nunca.
-
La
teoría del derrame hará que también los pobres se beneficien con el
crecimiento económico.
-
Lo
importante es competir y vender.
-
Crecimiento y desarrollo es lo mismo.
-
La
guerra preventiva es necesaria.
-
La
juventud está perdida.
-
La
verdad está en las encuestas.
-
Consumir es ser feliz y viceversa.
-
Lo más
redituable es lo más conveniente.
En unidad es
posible
Algunos logros se están alcanzando. Hay una mayor sensibilidad de la
sociedad acerca del cuidado del ambiente y esto se ve claramente en el
modo en que los vecinos de Gualeguaychú han expresado sus convicciones.
Han surgido preocupaciones que se instalaron en la opinión pública:
Gualeguaychú, Neuquén, basurales en el Gran Buenos Aires, por mencionar
algunos.
Otro
resultado favorable es el hecho que una sociedad se organice y se
preocupe para buscar el bien común por encima de los intereses de cada
sector. Participan de estas inquietudes gente de diversos grupos
sociales, económicos y de edades.
¿Cómo se desarrollará el conflicto?, dependerá de la creatividad para
buscar alternativas superadoras. No estamos determinados para el éxito
ni condenados al fracaso. La solución no será mágica ni tampoco es
imposible.
Dios
nos dotó de inteligencia y voluntad... pero también tenemos
torpeza y mediocridad.
Jorge Eduardo Lozano
Obispo de Gualeguaychú, Argentina
Responsable
del Área de Laicos Constructores de la Sociedad,
que depende del
Departamento de Justicia y Solidaridad del CELAM
(Consejo
Episcopal Latinoamericano)
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