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 Homilía de Mons. Lozano en la Misa Crismal.

Miércoles Santo 4 de Abril 2007

              Jesús nos anuncia una Buena Noticia: Dios está cerca, y viene para salvar a su Pueblo, una gran alegría para todos. Él inaugura un tiempo de salvación que es expresada en términos como consuelo, salud, libertad, vista, liberación.

Comunión y misión

       Éste tiempo de Jubileo es una ocasión privilegiada de reconocernos con alegría como Iglesia. Convocados a construir comunión para la misión, a tener un espíritu de comunión. Llamados a reconocer a cada uno como un don de Dios para mí. También podemos decirlo de cada comunidad: cada una es un don de Dios para las otras comunidades, para el servicio de todo el Pueblo de Dios.

        Cómo lastima y debilita a la misión la falta de comunión. Las desconfianzas, las críticas, los rencores, los chismes son una prueba a la fe, un obstáculo. Son cosas que nos impiden construir juntos. Porque entre comunión y misión hay lazos vitales, crecen o se debilitan simultánea y mutuamente. Sin comunión la misión se vuelve raquítica. Sin misión la comunión no deja de buscar un ombliguismo que ahoga.

       Estos obstáculos existieron siempre, desde los mismos Hechos de los Apóstoles, y se repiten siglo tras siglo como un desafío para que podamos transparentar con mayor fuerza y claridad la obra de Dios entre nosotros.

      En torno a  la comunión conviene preguntarme: “¿Cómo es mi vinculación con la Diócesis?” “¿Cómo asumo las opciones pastorales?¿rezo por las necesidades y desafíos comunes?¿pienso en la preocupación por la catequesis, la caridad, la vida consagrada. Los laicos y la política, la educación, los movimientos y carismas. Las vocaciones y el Seminario. Las familias, los jóvenes, los niños. El cuidado del ambiente. La situación de los afectados por las inundaciones…

¿Cómo son nuestras comunidades?”. No hace falta que sean comunidades “calcadas” o “fotocopiadas”, o reproducciones fotográficas de un mismo “modelo”. Pero sí necesitamos que cada una sea parte de la Iglesia Diocesana en la cual “se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo que es una, santa, católica y apostólica”. (C.D. 11).

       También necesitamos para que la Parroquia sea “la casa de Dios entre las casas de los hombres” (como le gustaba decir al Beato Juan XXIII) que tenga en cuenta la idiosincrasia propia de cada lugar.

       Nos preguntamos: ¿cómo vivimos la fe, cómo anunciamos la fe, cómo celebramos la fe? También: ¿cómo vivimos el Amor de Dios, cómo lo anunciamos y celebramos? Lo mismo de la esperanza.

       La fe, la esperanza y la caridad, se viven, se anuncian y se celebran de modo simultáneo.

       Si perdemos alguna, perdemos todo. Sin fe caemos en subjetivismo espiritualista. Sin esperanza en pesimismo que oprime. Sin amor en ideología voluntarista.

       Tenemos que cuidarnos de estas caricaturas de cristianismo. Por eso celebrar la fe, la esperanza y el amor lo realizamos por medio de sacramentos que son comunitarios.

 

Comunión y Caridad

        Esta presencia salvadora de Dios se expresa en los corazones afligidos que son sanados y consolados.

       La situación de dolor que muchos hermanos nuestros atraviesan en este momento, nos llama, nos reclama como comunidades cristianas, como Iglesia, a sanar esas heridas, a poder ayudar en el regreso a casa. A que cada familia como Iglesia doméstica pueda tener su templo doméstico, su hogar.

        El Papa Juan Pablo II nos recordaba esta exigencia del amor fraterno como muestra de fidelidad:

      “Si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse: « He tenido hambre y me habéis dado de comer, he tenido sed y me habéis dado que beber; fui forastero y me habéis hospedado; desnudo y me habéis vestido, enfermo y me habéis visitado, encarcelado y habéis venido a verme » (Mt 25,35-36). Esta página no es una simple invitación a la caridad: es una página de cristología, que ilumina el misterio de Cristo. Sobre esta página, la Iglesia comprueba su fidelidad como Esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia”. (NMI 49)

          El Papa Benedicto XVI nos enseña:

 “Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.( Deus Caritas Esta 1)

 

Eucaristía y Compromiso Social

  “En efecto, “la unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que Él se entrega. No puedo tener a Cristo solo para mí; únicamente puedo pertenecerle en unión con todos los que son suyos o lo serán”. A este respecto, hay que explicarles la relación entre Misterio eucarístico y compromiso social. La Eucaristía es sacramento de comunión entre hermanos y hermanas que aceptan reconciliarse con Cristo, el cual ha hecho de judíos y paganos un pueblo solo, derribando el muro de enemistad que los separaba (cf. Ef 2, 14). Sólo esta constante tensión hacia la reconciliación permite comulgar dignamente con el Cuerpo y la Sangre de Cristo

(cf.Mt 5, 23-24)( Sacramentum Caritatis.89)

“La Eucaristía, a través de la puesta en práctica de este compromiso, transforma en vida lo que ella significa en la celebración.” (id. 89)

 “El misterio de la Eucaristía nos capacita e impulsa a un trabajo audaz en las estructuras de este mundo para llevarles aquel tipo de relaciones nuevas, que tiene su fuente inagotable en el don de Dios” (id.91) No podemos rezar el Padrenuestro, saludarnos deseándonos la paz, comulgar un mismo Cuerpo de una misma mesa sin caer en la cuenta de lo que Dios está realizando: funda relaciones nuevas entre nosotros, nos hace de verdad hermanos

 “De esta manera, la forma eucarística de la vida puede favorecer verdaderamente un auténtico cambio de mentalidad en el modo de ver la historia y el mundo. La liturgia misma nos educa para todo esto cuando, durante la presentación de las ofrendas, el sacerdote dirige a Dios una oración de bendición y de petición sobre el pan y el vino, « fruto de la tierra », « de la vid » y del « trabajo del hombre »(id 92)

Sin creación de Dios no es posible la Eucaristía, pero tampoco sin el trabajo de los hombres. En el altar ofrecemos don de Dios y tarea humana: mejor dicho “trabajo” que dignifica a la persona humana. Aquí se ven de nuevo los vínculos entre Eucaristía y cuestión social que estamos llamados a profundizar.

 “La fundada preocupación por las condiciones ecológicas en que se halla la creación en muchas partes del mundo encuentra motivos de consuelo en la perspectiva de la esperanza cristiana, que nos compromete a actuar responsablemente en defensa de la creación.” (id. 92)

                                                                   Mons. Jorge Eduardo Lozano

                                                                    Obispo de Gualeguaychú

 

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