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No
hay paz sin justicia ni justicia sin misericordia. |
Homilía pronunciada por el Pbro. Edgardo Segovia, párroco de la Catedral
San José de Gualeguaychú, durante el Te Deum de acción de gracias del 25
de mayo.
Queridos hermanos y hermanas.
Hoy nos
encontramos celebrando la vida y su historia, descubriéndola como don
del Altísimo, es por eso que nuestra mirada y nuestra memoria son de
gratitud.
Los
acontecimientos que dieron origen a nuestra Patria, cuya gesta de mayo
cumple su 197 aniversario, en camino hacia su bicentenario, con
sus luces y sus sombras, nos develan la Mano
providente de Dios, Señor de la historia.
Nos
reconocemos bendecidos en este suelo, sus frutos y sus paisajes, entre
tantos hombres y mujeres, nuestros hermanos, por la historia y las
instituciones de la Patria, con el desafío de hacer de Argentina un
hogar para todos sin excluir a nadie.
Las
palabras del salmo 137, que acabamos de proclamar, nos invitan a
agradecer a Dios por su amor, pidiéndole que no abandone la obra de sus
manos.
Nuestro
agradecimiento se eleva sobre todo por el bienestar y la paz, que al
mismo tiempo nos hacen tener presente y pedir por aquellos más
necesitados que todavía no comparten plenamente estos dones.
Agradecemos a Dios por la Patria en que nacimos o vivimos, por la fe
cristiana en la que está enraizada desde sus orígenes, por el respeto a
otras confesiones religiosas, por su vasta cultura y por el crisol de
razas, que nos dieron singularidad en estos doscientos años de vida en
el conjunto de los Pueblos libres del Mundo.
Nuestros próceres, al luchar y trabajar por la grandeza de la Nación,
buscaban también consolidar la paz y el bienestar de sus habitantes.
Queremos, como ellos, construir la Patria en paz.
Sabiendo que a la consecución de la paz va unida la búsqueda de la
justicia, afianzada por la certeza de la dignidad de la persona humana y
sus derechos y deberes fundamentales, que le permite reconocerse como
hijo de Dios.
Sin
olvidarnos que no puede arraigarse plenamente la equidad excluyendo el
amor, "la justicia sin misericordia es crueldad; la misericordia sin
justicia es la madre de la disolución"(Lectura super Matth., ed. Cai,
429). Es una invitación a recordar que no hay paz sin justicia, ni
justicia sin misericordia.
Veamos
la vida con optimismo, a la luz esperanzadora del Evangelio, y
encontremos que muchos valores pujan por sobrevivir y logran ha pesar de
los contextos más adversos.
Existen
muchos hombres y mujeres en nuestra Patria que son honestos, sinceros y
generosos, que son coherentes, comprometidos y solidarios, y son ellos
quienes desde el trabajo anónimo y perseverante día a día aportan su
grano de arena para reconstruir nuestro tejido social, aportando al Bien
Común en los más diversos ámbitos de la realidad en todos los rincones
del país.
A estos
argentinos laboriosos que hacen una Argentina mejor cada día, a los
hombres y mujeres de buena voluntad, sea también nuestro reconocimiento
y gratitud.
Virgen
de Luján, cuida al pueblo argentino, sostenlo en la defensa de la vida,
consuélalo en la tribulación, acompáñalo en la alegría y ayúdalo siempre
a elevar la mirada al cielo, donde los colores de nuestra bandera se
confunden con los colores de tu manto inmaculado. ¡A ti el honor y la
alabanza de tus hijos por siempre, Madre de Jesús y Madre nuestra!.
San
José de Gualeguaychú, 25 de mayo de 2007






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