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El
Papa a los jóvenes: "No dejes pasar la vida en vano". |
El Jueves 10 de Mayo por
la noche, miles de jóvenes acudieron a la cita en el Estadio de
Pacaembú. Tribunas y campo de juego colmados; varias decenas de
miles de jóvenes participaron desde afuera por medio de pantallas
ubicadas en un playón contiguo al estadio.
El Encuentro se desarrolló
con sobriedad técnica: se oía y veía muy bien; pero no hubo efectos
especiales ni sobre-producción. Esto ayudó a que lo más importante y
valioso sea lo acontecido en cada uno, en el corazón.
Es significativo que en el
primer viaje de Benedicto XVI a América Latina, su primer encuentro
masivo sea con los jóvenes. Podemos decir que había un anhelo, un deseo
mutuo de compartir miradas, palabras, abrazos, que no admitía
dilaciones. El lema: “Joven, discípulo y misionero de Jesucristo”. Hubo
cantos, baile, oración, fiesta, palabras, gestos. Intentaré comentarles
algunos significativos.
Una de las primeras
canciones expresaba preocupación por la Amazonia, el agua, la vida. El
estribillo repetía: “es prohibido quemar, es prohibido matar”. Un joven
había introducido el canto diciendo: “soñamos una mejor calidad de vida,
soñamos con la vida desde el verde de Amazonia hasta la más sufrida de
nuestras favelas”
Algunos jóvenes, en
representación de todos, presentaron al Papa sus angustias y
preocupaciones, sus anhelos y esperanzas. Rescaté algunas frases casi
textualmente:
“Las angustias de los
jóvenes necesitan corazones capaces de escuchar y recibir”
“Solo el amor hará callar
las armas de la guerra”
“Soñamos con una humanidad
feliz” ¿Es esto una quimera?”
“¿Cómo hacer para que
todos vuelvan a la escuela?”
“Son muchos los jóvenes
excluidos, sin derecho al trabajo o educación. Son empujados al delito,
la droga, la prostitución”
“No se imagina la fuerza
que usted nos da. Rece por nosotros; ténganos en su corazón”
“Necesitamos familia que
nos cuide y nos ame”
El Papa respondió con
ternura. Después de proclamar el Evangelio del “Joven Rico”, comenzó su
mensaje: “Queridos jóvenes, queridos amigos y amigas…”. Habló del
cuidado de la naturaleza frente a la devastación ambiental. ¿Cómo se
plantean los jóvenes el vivir en plenitud?. ¿Qué hacer de la vida
exuberantemente bella?¿Qué hacer para que la vida tenga sentido y no
transcurra inútilmente?
Dos palabras fueron
propuestas como actitudes necesarias: coherencia y autenticidad.
Benedicto insistió: somos
obras también de nuestras manos. No dejes pasar la vida en vano; que no
se te escape, que no se te escurra.
También se refirió a los
miedos de los jóvenes, especialmente el miedo a la muerte.
Al hablar del amor, puso
como modelo a Jesús, que entregó la vida por amor. El amor es existir
para otro, donarse a otro. Por eso la felicidad está en la fidelidad en
la entrega. Pidió a los jóvenes valorar y apreciar el sacramento del
matrimonio con el cual Jesucristo enaltece el amor.
Al concluir pidió a los
jóvenes conservar altos los elevados ideales de la fe y solidaridad
humana. Sin el rostro de los jóvenes la Iglesia estaría desfigurada.
Durante las tres horas que
duró el Encuentro hubo mucha emoción. La última canción seguida por
todos ponía en labios de Jesús: “Yo se bien lo que has vivido, lo que
has llorado, lo que has sufrido. Pues he permanecido a tu lado y nadie
te ama como yo”.
En cada rostro los ojos se
humedecían por motivos diversos según cada corazón. Llantos de alegría.
Al fin palabras de vida y esperanza.
Mons. Jorge E. Lozano
Obispo de Gualeguaychú
Delegado de la Conferencia Episcopal
Argentina para la Pastoral de Juventud
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