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Carta de Mons. Jorge Lozano a los docentes en su día. |
San José de
Gualeguaychú, 11 de Septiembre de 2007
Queridos
amigos docentes:
Como lo
hiciera el año pasado, hoy nuevamente —ante la proximidad de los días
del Maestro y del Profesor— quiero acercarme a cada uno para saludarlos
y animarlos en esta tarea linda y comprometida de educar.
Como Pastor
de esta Diócesis quisiera poder dar una palabra adecuada a cada uno, en
su situación de vida y vocación concreta. Me gustaría poder acompañar a
los docentes que recién comienzan la tarea educativa y compartir con
ellos sus ilusiones y sus miedos. Querría poder escuchar y aprender de
aquellos que llevan más años en la docencia y que han sabido renovar sus
métodos siendo fieles a la verdad. Quisiera poder consolar y animar a
los que se sienten “heridos y agobiados” frente a las dificultades de
toda índole que se les presentan.
También
alentar a quienes sienten una interpelación interior acerca del sentido
de la tarea educativa, cuando brota la pregunta cuestionadora “¿para qué
seguir educando?”.
Mi deseo a
la vez es apoyar a quienes están en cargos directivos y deben asumir la
responsabilidad de guiar cada comunidad educativa.
Qué
importante es en estos tiempos fortalecer los lazos que nos unen. Ante
situaciones de disgregación familiar, social, necesitamos proponer y
construir fraternidad. Les aliento a profundizar los vínculos en cada
comunidad educativa. No ceder a la tentación de la fragmentación o los
compartimentos estancos que sobrevuela a la sociedad. Entre Institutos,
entre Niveles, entre los miembros de cada comunidad educativa.
La tarea de
ustedes es liberadora y generadora de vínculos sociales. Ustedes logran
que se busque el diálogo para superar enemistades, que los alumnos se
entrenen en ejercicios y construcciones comunitarias, en promover los
valores de la verdad, la belleza, la concordia. Sólo con una mirada de
confianza en el futuro se emprende cotidianamente la tarea educativa.
En sus
alumnos va anidando el sueño de un país más justo y solidario. Esos
sueños los pone Dios y ustedes ayudan a que crezcan y vayan tomando
forma con el paso del tiempo, no como un transcurrir inútil e
irrevocable, sino como proceso de maduración integral.
¡¡Cuánto le
debe la Sociedad a la Escuela!! Y qué poco reconocimiento público se le
da. Que “los niños y los jóvenes son el futuro de la Patria” es una
frase repetida y sin lugar adecuado en lo concreto.
Como ustedes
saben, hace pocos meses concluyó la V Conferencia General del Episcopado
de América Latina y el Caribe en Aparecida. En ella se reflexionó sobre
el ser y el acontecer de nuestros pueblos.
Al repensar
la invitación que brota del documento conclusivo a ser “discípulos y
misioneros” descubro que estos dos términos son muy cercanos a su ser
docente. ¿Acaso la vocación de un educador no es un continuo crecer como
discípulos y vivir como misioneros?
Confío en
que cada uno se hará eco de esta invitación, hará suyo el compromiso al
que se nos invita como Iglesia, y lo difundirá con el ejemplo y la
palabra en su propio ambiente.
Para todos,
Jesús tiene una Palabra y una mirada de amor. ¡Ojalá cada uno pueda
percibirla en su Iglesia!
Gracias a
todos por su trabajo constructor del bien común en beneficio de tantos
niños, jóvenes y adultos de todo el territorio de nuestra Diócesis. La
Virgen María los proteja con su ternura y Cristo Maestro los bendiga a
ustedes, sus familias y comunidades educativas.
+Jorge Lozano
Obispo de
Gualeguaychú
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