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Misa con Familiares de Víctimas de Cromañón

Catedral de Buenos Aires

Predicación del Domingo 9 de septiembre de 2007

Jesús en el Evangelio nos enfrenta hoy con algunas condiciones para seguirlo. Nos dice San Lucas que mucha  gente caminaba con Él. Eran multitudes los que iban junto a Jesús.  Él quiere enseñarles. Se da vuelta, los mira de frente y les dice que “caminar cerca” de Él no es lo mismo que ser su discípulo, “estar cerca” no es lo mismo que seguir a Jesús como Maestro y como guía.

No es estar cerca para quedar bien, para figurar, por conveniencia, o como hoy diríamos para la foto. Hay condiciones para ser discípulos de Jesús, condiciones que pueden resultarnos duras, o mostrarnos una faceta de exigencia: pero es que la fe es exigente. Es sin duda también gracia de Dios que nos ayuda a crecer en su Amor.

Hoy el Señor quiere mostrarnos en qué consisten algunas de esas exigencias o condiciones, para ser considerados discípulos y discípulas de Él.
Son tres:

La primera tiene que ver fundamentalmente con el amor. Amar menos, amar más, amar de verdad; el Señor nos dice que Él es el que quiere estar en el centro de nuestro corazón y nuestra vida. A Él tenemos que amarle más, incluso más que a nuestra propia vida. Y esto sabemos que es importante a la hora de las opciones más fundamentales de la vida. La fe, el seguimiento de Jesús es una cuestión de opciones. La fe no consiste en saber muchas cosas de religión, en conocer o en leer demasiado; es una opción,  es una decisión por una persona, por Jesús. Es la decisión de querer seguirle a partir de un encuentro.

El Papa Benedicto nos decía en su primera encíclica que “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.” (Deus Caritas Est Nº 1)

Las palabras “horizonte” y “orientación” nos muestran que la fe es ponerse en marcha, un camino a recorrer.

Como vemos es una opción que me cambia la vida a partir de un encuentro que es vital. Podemos decirlo así: no se es discípulo de Jesús porque se elige el heroísmo o por costumbre, se es discípulo porque uno tiene el corazón rendido por amor a los pies de Aquel que sabemos todo lo puede en mi vida, y me ama de manera incondicional. Y como amor con amor se paga, la respuesta de amor de mi parte también tiene que ser incondicional si quiero ser discípulo de Jesús.

 

La segunda condición de la cual nos habla el Maestro es el estar dispuestos a cargar la cruz. Significa que ser amigo de Jesús nos puede traer desprecio de aquellos que se sientan incómodos con su presencia,  con su mensaje. Alguno podrá preguntarse: ¿pero quién puede sentirse incómodo con el Padrenuestro? O ¿quién puede sentirse incómodo con la parábola del Buen Samaritano, o quién puede sentirse incómodo si Jesús lo que hace es enseñarnos a tener una vida de servicio para con los que más sufren?

Es que la fe es una opción profunda y  absoluta por seguir a Jesús y dejarnos iluminar por sus palabras. Él nos enseña a decir siempre la verdad, y esto significa desenmascarar la mentira que a veces se esconde en falsedades que nos puede proponer esta sociedad. Es optar por la justicia, por la paz, por darle al poder y autoridad el lugar que tienen de servicio a la sociedad. Es valorar el trabajo como desarrollo de la dignidad personal. Es también exigencia de servicio.

La tercera renuncia es la que nos toca el bolsillo. El Señor nos dice que hay que renunciar a los bienes para poder seguirlo. Una renuncia a los bienes materiales que está lejos de todo maniqueísmo. No es renunciar a los bienes porque son malos, sino para no apegar el corazón a ellos. Es renuncia a los bienes no para quemarlos sino para compartirlos.

En todas las parroquias, iglesias, comunidades de nuestro país, se está realizando hoy la Colecta Más por Menos (+ x -) para ayudar a las regiones más necesitadas. La promoción de esta colecta tiene la voz de un niño que dice: “a vos sí, a vos no, a vos sí, a vos no; a mí tampoco”. Una dura expresión de quien siente que la exclusión social es una decisión arbitraria que hunde a algunos y salva a otros. ¿Quién decide quiénes están incluidos y quiénes están excluidos de los bienes y de la sociedad?

Ser discípulo de Jesús es también saber compartir los bienes con aquellos que más necesitan. Ser discípulos de Jesús implica querer transformar esta sociedad comprometiendo nuestra propia vida, nuestra manera de ser, comprometiéndonos en la construcción de una sociedad que sea más equitativa, más justa en la distribución de la riqueza. Ser discípulo de Jesús no es una opción individual sino comunitaria.

Podríamos decir que seguir a Jesús es identificar nuestra vida, con la vida de Él, es querer parecernos cada vez más a Él. No es maquillar un poco la vida, o retocarla para que quede bien, para que luzca bien, es cambiar desde la raíz. Es encontrarle un sentido profundo  a la vida, a nuestro compromiso por la justicia, a la lucha por alcanzar la verdad, a la búsqueda de la paz. Seguir los pasos de Jesús como discípulos es comprometernos también con otros venciendo la soledad y es aislamiento.

Cuántas veces experimentamos en nuestra vida dificultades que nos empujan a bajar los brazos. Cuántas veces la realidad desalienta y desanima. Si logramos sumar voluntades y deseos de algo mejor en común, y dejamos que Jesús nos fortalezca, el horizonte empieza a despejarse. Y cómo pueden dar testimonio de esto, ustedes, familias y amigos de quienes han perdido sus vidas en Cromañón...

Para concluir, algo que puede resultar paradójico: nosotros estamos viendo qué exigencias nos pone Jesús para seguirlo en el camino; pero podemos también mirar qué es lo que hace Jesús con nosotros. Cuando le abrimos el corazón y nos disponemos a renunciar a estas cosas que Él nos propone, nos damos cuenta de que es Él quien se hace compañero de camino de cada uno de nosotros, y de nosotros como comunidad. Es Él el que camina junto a nosotros, es Él quien nos sigue de cerca, el que nos sostiene en todas nuestras luchas y en todas nuestras búsquedas. Es Jesús el que camina junto a los discípulos para que podamos hacer un mundo nuevo, para que podamos compartir nuestra vida como hermanos, y mirarnos a los ojos con alegría, y descubrir esa presencia suya en lo profundo de nuestro corazón.

                                                                +Jorge Lozano

                                                                     Obispo de Gualeguaychú

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