|
Carta de Mons. Lozano por el 21 de septiembre. |
Quiero acercarme a vos a
cada uno a cada una, para saludarte con ocasión del día del Estudiante,
unido al día de la Primavera, y no por casualidad.
En este tiempo la luz dura
más que la oscuridad. Una luz que no es intensa y fugaz como la del
flash, sino tibia presencia del sol que se queda para iluminar y dar
calor.
Este tiempo de primavera nos
regala el perfume de las flores, sus colores diversos, su vitalidad. Por
eso la identificamos con la juventud y los estudiantes. En estos días se
escuchan más voces y música en las calles y lugares de paseo.
Tiempo de fiesta y alegría.
Ganas de salir con amigos y
estar afuera, al aire libre.
Algunos pensadores
contemporáneos describen la realidad del mundo de hoy diciendo que es
“opaca y oscura”, poco luminosa. Todo lo contrario a la Primavera. Y sí:
en la sociedad en que vivimos no todo son luces. Hay sombras de
injusticia, de mentira, de muerte.
Siempre valoro mucho tu gran
sensibilidad para conmoverte con los problemas de la realidad social y
tus deseos de cambiarla. Cómo te duele la hipocresía. No te bancás el
doble discurso, las incoherencias. Sé también que te cansás pronto
cuando no ves resultados a tus quejas o planteos. El desaliento ahoga
lenta pero tenazmente los mejores anhelos del alma. No te dejes robar
los sueños que Dios puso en tu corazón.
Y nunca pierdas la esperanza
de lograr un país mejor.
La sociedad es muy
competitiva y sobreexigente, sobre todo con vos, con los jóvenes. Se
valora el éxito rápido, a cualquier precio; y si es sin esfuerzo,
pareciera que es mejor.
¿Cuántas veces te dejan
afuera por cualquier motivo?
Conozco los miedos de los
jóvenes. Sé del miedo al fracaso, a la enfermedad; el terror a la
muerte. Veo también los temores para el amor comprometido. Las
relaciones superficiales y pasajeras, las emociones intensas pero sin
amor te dejan esa sensación de vacío en el corazón. Te lastiman.
Sos muy valioso, muy
valiosa. No te dejes seducir por el ángel de la soledad y de la
desolación. Tu vida tiene sentido. Es maravillosa. Que no se te escurra
como agua entre los dedos. Dios te conoce y te ama como nadie en este
mundo.
Aunque están los que sólo te
ven como parte de un rebaño. Se enriquecen mucho a costilla de los
jóvenes. Alcohol, droga, esclavitud, trata, cualquier negocio que les
deje plata les importa más que tu vida, tu salud, tu felicidad. Vos
sabés quiénes son. Les reconocés sus caretas.
La juventud es una riqueza.
Vale mucho, es un tesoro. Puede dar para mucho o malgastarse en una
apuesta necia. Cuando te digan “total, ¿qué vas a perder?”, pensalo.
La riqueza de la juventud no
es la edad, sino la vitalidad. La capacidad de poner toda esa vitalidad
en marcha es lo apasionante de tu edad. Por eso te preocupa el sentido
de la vida. Es tener en claro el “para qué”. Un horizonte despejado
hacia el cual caminar.
Yo tengo una certeza que no
me la quiero callar: Jesús ilumina tu vida, el camino de la vida. Él nos
ayuda a mirar y reconocer tantos signos de esperanza en el corazón.
Él dio la vida por vos.
Mirá si no va a querer que
seas feliz.
Con mucho cariño rezo por
vos y pido a Jesús te haga feliz en la primavera de tu vida.
+
Jorge Lozano
Obispo
de Gualeguaychú
VOLVER
AL ÍNDICE DE DOCUMENTOS DIOCESANOS |