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Carta de Mons. Lozano a las mamás en su día. |
Domingo 21
de Octubre de 2007
A las mamás
en su día:
FELIZ DÍA!!
En este tiempo de Octubre, ya comenzada la primavera, se
celebra el “Día de la Madre”.
Más allá de la faceta consumista con que la propaganda nos embota, hay
belleza, gratitud; motivos de alegría y otros de tristeza y dolor que no
quisiera nos pasaran inadvertidos.
Las
mamás acunan alegrías muy grandes. Sentir la vida en el vientre, verla
madurar, crecer, fortalecerse. Emociones nuevas en cada etapa del
camino: el comienzo de la escuela y su finalización, las noches sin
dormir por alguna dolencia o enfermedad. Hasta los sentimientos ambiguos
con el hijo o la hija que se va de casa para formar su propia familia.
Cuántas cosas hay en el corazón de una mamá que son combinación de
plenitud y misterio.
Viene a mi mente la imagen tan expresiva de la mujer
que mira y acaricia su vientre que va creciendo cargado de vida. Son
manos que no pasan por la panza de modo narcisista o egoísta. Son
expresiones de ternura hacia una vida nueva que crece en las propias
entrañas. Es dar cariño a un “otro” pequeño que no es parte del propio
cuerpo, sino vida que se desarrolla y crece habitando un espacio vital
único que dejará a más tardar en nueve meses.
Y no puedo dejar de pensar en las mamás que fueron
obligadas a terminar el embarazo antes de dar a luz, ocultando la vida
en sombras de muerte. Obligadas por sus capacidades diferentes, por
haber nacido en algún país limítrofe o en provincia pobre. O simplemente
por ser pobres.
Me gozo y agradezco a Dios por las mamás que abren su
corazón y su casa a la adopción, abrazando con cariño situaciones de
soledad o desamparo. Ellas también acarician un vientre-corazón que da a
luz porque ya tiene luz.
Aliento a las mamás que se unen para proteger a sus
hijos de la agresión del paco, del alcohol, o de cualquier opresión. Las
que aúnan esfuerzos y denuncian el secuestro para la trata, la
prostitución adolescente o la esclavitud. A tantas que hace tiempo no
tienen noticias de sus hijos y se les desalienta en la búsqueda. No
están solas.
Se me hacen claramente presentes también las mamás
que tienen a sus hijos lejos de casa por trabajo o estudio, y muchas
veces sienten que la nostalgia se les acerca. Vamos, sigan
sosteniéndolos a la distancia: juntos están construyendo el futuro.
Rezo de manera especial por las mamás que tuvieron que
sufrir la muerte del hijo antes de tiempo a causa de la violencia, la
corrupción pública o privada, la negligencia, el desprecio de la vida en
nuestra sociedad. A nuestras mamás que ya partieron al cielo, les
encomiendo el cuidado de esos pequeños y jóvenes para que los cubran de
ternura y recen por nosotros.
Gracias a las mamás que enfrentan la vida aun habiendo
sido abandonadas. Cuidan y ayudan a sus hijos apretando los dientes con
fuerza y valentía.
A las mamás que dan a luz en situación de pobreza les
debemos asegurar puedan dar el pecho a sus hijos y prepararles una mesa
digna en casa. A las mamás adolescentes debemos acompañarles y ayudarles
en todo lo que necesitan, especialmente cubriéndolas de comprensión y
cariño.
Gracias también a las mamás que cuidan a sus hijos con
enfermedades crónicas o terminales, que en casa o en los hospitales
siempre tienen a mano un gesto de ternura y una energía extra para
seguir adelante.
Quiero acercar las lágrimas derramadas por la
maternidad a los labios de Jesús. Bendigan siempre a sus hijos con la
señal de la cruz en la frente, sean ellos grandes o pequeños.
Sólo el amor salvará el mundo. La madre nos lo enseña
desde la panza.
Las abrazo fuerte junto al corazón de María, la Madre
de todos.
+Jorge Lozano
Obispo de Gualeguaychú
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