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   Carta de Mons. Jorge Lozano a los estudiantes en su día.

San José de Gualeguaychú, 21 de septiembre de 2006

Queridos chicos y chicas:

            ¡Feliz día!

Este es el primer día del estudiante que comparto con ustedes, desde que la Iglesia me confió la misión de ser pastor de la diócesis de Gualeguaychú. En los años que llevo de sacerdote y de obispo, siempre me ha tocado estar cerca de los jóvenes. Para mí ha sido una fuente de alegría y también ocasión de recibir exigencias importantes. Hoy mi mirada se dirige a ustedes y aprovecho este medio para alentar un diálogo que ya comenzó con algunos en las visitas a colegios, parroquias y capillas y que continuará con el resto, si Dios quiere, en los próximos meses.

             Siempre me pareció providencial que el día del estudiante –asociado a la juventud– coincidiera con la primavera. Esta estación del año tiene características propias: es el tiempo en el cual la esperanza empieza a descubrir los frutos anunciados en las flores, los días se prolongan y se hacen más luminosos, la temperatura es más cálida y a la vez el tiempo se muestra ventoso, cambiante…

             Todo esto es signo de juventud. En ustedes, queridos chicos y chicas, descubrimos ya los signos de una vida nueva, que empuja por salir, por mostrar su personalidad… es el tiempo de los proyectos, de los cambios… es un tiempo fuerte donde cada uno empieza a mostrarse como es… con toda su riqueza, con sus propios miedos, con sus ilusiones…

             Y frente a todo esto, le he preguntado muchas veces a Jesús qué debemos hacer los adultos, y en especial, los pastores de la Iglesia, para acompañarlos en este tiempo… Y Él me respondió también con la naturaleza. Los árboles jóvenes necesitan un tutor que los sostenga en las tormentas, que los ayude a mantenerse en pie y a crecer fieles a su especie; y todo esto debe hacerlo dando libertad, no atándolo fuertemente a sí, sino creándole el espacio necesario porque lo importante es que el árbol sea él mismo, que responda a su propia vocación… También aprendí que es necesario cuidar las flores, porque sin flores no habrá frutos… hay que admirarlas, valorarlas… y frente a todo esto, saber esperar… la cosecha será más tarde… la primavera es un tiempo de espera… y por eso de esperanza…

             Lo mismo podría decir de la juventud… es un tiempo de espera… de esperanza. Pero esa espera no es pasiva, es muy activa, está llena de vida, de crecimiento, de proyectos que se inician, se empiezan hoy. Es un tiempo de energía, de alegría, de entusiasmo… Es el tiempo de la búsqueda de la vocación, de descubrir al otro con ojos de varón o de mujer, de experimentar el amor humano de una manera nueva… Es el tiempo en que descubrimos lo valioso de la amistad que nos ayuda a vencer la soledad y el encierro.

            La primavera es la sonrisa de Dios a los hombres… ustedes también, queridos  jóvenes, son la sonrisa de Dios para los hombres, para todo el mundo.

             La primavera es el anuncio, la preparación, el signo de la vida… ustedes también son el signo de la vida en medio de una cultura de muerte. Muchos los quieren acaparar y manipular. No se dejen usar. Ustedes son presente y son futuro, y la vida se gesta en el presente y se manifiesta en el futuro. En el corazón de ustedes hay anhelos de un mundo mejor y para todos. Hay sueños de justicia, libertad, paz, amor. No se achiquen. No permitan que nada ni nadie les recorte los sueños.

             Por eso me animo, en nombre de Jesús y de la Iglesia, a confiarles la misión de ser amigos de la vida, defensores y promotores de la vida en nuestra diócesis… Les pido que nos enseñen a los adultos a amar la vida, a enamorarnos de ella… a respetarla en todas sus expresiones…

             Jesús, en la Última Cena, dijo a sus apóstoles: “Yo soy la Vida” (Jn 14, 6), y también les dijo: “Ustedes son mis amigos” (Jn 15,14). El que quiera ser de Cristo estará siempre del lado de la vida… Y si alguno de ustedes estuvo hasta ahora del lado de la muerte, abra el corazón a Jesús que le anuncia “Yo soy la Resurrección” (Jn 11,25). Nadie queda fuera de su Amor.

             Queridos chicos y chicas, los abrazo a cada uno y bendigo todos los proyectos que encaren en este camino de ser fieles al Señor de la Vida. Tengan un Feliz día; sean felices. Que María, la joven virgen madre de Nazareth, los cobije con su manto…

 

Jorge Lozano

Obispo de Gualeguaychú

 

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