Introducción"El Caminante" |
Dios, nuestro Padre.
A la
manera de Jesús tenemos la urgencia de volver a mirar con amor la
realidad de los grupos parroquiales como la de todos los adolescentes y jóvenes.
Debemos educar nuestros ojos para poder descubrir el don que Dios nos hace en
ellos y escuchar lo que piensan, proyectan y viven. Esto exige una pedagogía
que sea experiencial, transformadora y participativa (SD119)
Una
primera aproximación a la realidad hace que tengamos que decir con dolor que
una de las mayores dificultades no está tanto en los mismos adolescentes sino
en nosotros, los dirigentes, y es la improvisación y falta de dedicación. Esto
provoca en muchos casos un desinterés,
una falta de atracción por parte de los jóvenes hacia lo eclesial, no hacia lo
religioso. La sed de Dios, su búsqueda, sigue estando intacta.
La
gran pregunta que nos hacemos es: ¿después de la confirmación qué?. ¿Qué está fallando?. Sin duda que uno de los aspectos más
importantes es que nuestras estructuras pastorales no responden del todo a la
peculiar situación por la cual están pasando los adolescentes y jóvenes. Una
cosa evidente es la dificultad que proviene de la situación evolutiva en la que
se encuentran, ya no estamos frente al niño crédulo, dócil, dependiente y sin
problemas afectivos. Uno de los temas que más escucho de los muchachos es que
las catequesis no son atractivas, que pasan lejos de su vida. Otra dificultad,
que tiene que ver con la improvisación que se manifiesta en la ausencia
objetivos.
Esta
claro que lo que hay que hacer es entusiasmar a los jóvenes en el seguimiento
de Cristo. ¿Nosotros lo estamos? . ¿Tenemos una base de dónde partir? No
podemos negar los sacramentos que
han recibido, el bautismo, la eucaristía, y la reconciliación. Dios no se ha
ido, sigue estando en ellos y espera ser escuchado. Pareciera, además, que hay
que tener en cuenta en la planificación y puesta de los objetivos el
problema de la integración de la fe y la vida, la relación con la familia, la
comunidad eclesial y la misión del cristiano. Otro aspecto es que los chicos y
las chicas muchas veces no tienen la experiencia de Jesús que les haya
transformado la vida. Podríamos
seguir, pero creo que el análisis debemos hacerlo entre todos, cada uno
respetando el lugar y la cultura propia a la luz del Evangelio.
La
solución a estos problemas sigue siendo la misma, anunciar
a Jesucristo, él, es el camino, la verdad y la vida. Él es quien nos
revela al Padre, su proyecto, el sentido de nuestras vidas, la verdadera
identidad de lo que somos. Es curioso observar que cuando nos alejamos de Dios,
o más aún, cuando alejamos a todo hombre de Él, su vida pierde profundidad,
sabor, su rumbo. De esta manera otras cosas van ocupando el corazón de los
hombres y se van apropiando de un lugar que no les corresponde, provocando
muchas veces enfermedades mortales. El hombre ha sido creado para la vida, para
glorificar a Dios, viviendo de acuerdo a lo que somos: hijos del Padre eterno.
Necesitamos
urgentemente volver a llamar a Dios con su verdadero nombre ABBA, Padre.
Necesitamos volver a experimentar su ternura, la fuerza invencible de su amor
que nos abraza a todos en Jesucristo y se hace abundancia de vida en el Espíritu
que nos hace gustar y acrecentar nuestra vida filial.
Los
cristianos no creemos en cualquier Dios, sino en el Dios que nos ha revelado Jesús
de Nazaret, por eso si queremos volver a las raíces más profundas de nuestra
identidad, si queremos que nuestra fe sea realmente lo que dé sabor a la
existencia, necesitamos volver nuestros ojos
al Dios revelado por Jesús,
queremos como los discípulos orar con insistencia al Señor y decirle: “muéstranos
al Padre y eso nos basta” (Jn.14,6)
Estos encuentros quieren ayudar a que podamos profundizar estos temas y así disponernos en comunión con toda la Iglesia, a celebrar el gran Jubileo. Nada puede provocar mayor alegría en el corazón que el anuncio gozoso de Jesús. Eso es lo que pretendemos. Sabemos de nuestras limitaciones, pero contamos con la poderosa eficacia del Espíritu Santo, a él invocamos en la filial confianza de que seremos escuchados y bendecidos. Para mayor gloria del Padre, ponemos en manos de la Virgen Santísima este material y a las personas que lo van a recibir.
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