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Carta de Mons. Jorge Lozano por el Año Jubilar Diocesano |
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Queridos hermanos: Dios nos llamó a ser familia suya, y le damos gracias. Iniciamos el Jubileo por los 50 años de vida de nuestra Diócesis, que se cumplirán el 29 de Junio de 2007. "La Iglesia de Jesucristo subsiste y se encarna en cada Iglesia particular, donde se encuentran todos los elementos necesarios para la santificación y la misión de cada cristiano y de todas las comunidades" (NMA 70). Nos enseña el concilio Vaticano II que "La Diócesis es una porción del Pueblo de Dios que se confía al Obispo para ser apacentada con la cooperación de su presbiterio, de suerte que, adherida a su Pastor y reunida por Él en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en que se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo, que es una, santa, católica y apostólica" (CD 11). Nos reconocemos llamados por el Padre y le damos gracias. Porque el llamado brota de su amor providente. A cada uno de nosotros, por el Bautismo nos llamó a ser sus hijos y nos incorporó a Cristo. A todos nosotros, como familia suya, nos constituyó en una misma Diócesis, en "porción de su Pueblo". En la fe de Israel y en la fe del nuevo Pueblo de Dios la historia, la memoria nos muestra la obra de Dios. Es necesario reconocer nuestro origen que nos da identidad para poder ser fieles hoy. Y así podremos también ver el horizonte hacia el cual nos dirigimos. (cfr. TMA) Somos Pueblo Peregrino. Sabemos desde donde hemos partido y hacia donde va nuestro camino. No somos errantes sin rumbo ni destino. (cfr. Puebla 265) Celebrar el jubileo Diocesano es actualizar y explicitar el lugar dónde hemos sido llamados. Eso vincula nuestras raíces con una geografía, una cultura (cfr. NMA 62). Y así también vemos con quiénes hemos sido llamados. El mismo bautismo que nos vincula con Dios Trino nos vincula con hermanos concretos. No son, por decirlo así, dos bautismos o dos actos de fe. Ser una misma Diócesis nos muestra dónde y con quiénes fuimos constituidos hijos en el Hijo. Y entonces podemos hacernos otra pregunta: ¿Para qué fuimos llamados? Para la comunión y la misión. "La Vocación a la comunión del pueblo de Dios es un llamado a la santidad comunitaria y a la misión compartida, que sólo son posibles por la acción del Espíritu. Toda la Iglesia y todos en la Iglesia estamos llamados a formar comunidades santas y misioneras. En la misión la Iglesia anuncia a Jesucristo ya a su Reino; abraza a los hombres y mujeres de todos los pueblos y culturas y se encarna en cada Iglesia particular" (NMA 62). "La Iglesia es el pueblo de Dios que vive en presencia de Cristo y lo refleja en el mundo. Es el pueblo congregado por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Ella ha de irradiar el misterio de comunión misionera que contemplamos en Jesús y brota de la Trinidad. (NMA 60). El Jubileo entonces es Tiempo de: - De Gracia para la santificación del Pueblo de Dios. - De acentuar el llamado a la conversión de la mente y el corazón. - De acrecentar la memoria de acontecimientos y personas que fecundaron la vida diocesana. - De fortalecer el compromiso de nuestros vínculos con Dios y los hermanos, mediante pautas pastorales comunes en la Diócesis. - De alentarnos en la celebración de la fe especialmente en la Eucaristía, y también mediante retiros, jornadas de oración, encuentros. - De alentarnos también en estar cerca de las angustias y esperanzas de nuestra gente. - De profundizar la reflexión acerca de la Teología de la Diócesis.
Pronto les haremos llegar algunas orientaciones más puntuales. Dispongamos el corazón a celebrar el Don de Dios. El que nos llamó, nos colme con su Gracia.
Jorge Lozano Obispo de Gualeguaychú. 29 de Junio de 2006 Solemnidad de San Pedro y San Pablo. |