Artículo de opinión de Mons. Jorge Lozano
publicado en la edición impresa del Diario La Nación de Buenos Aires del 24 de
marzo de 2010
Desde el título se conjuga un verbo que -creo-
tiene la edad de esta página y que nos remite casi sin escalas a un estadio
estancado del agua. Como si estuviéramos frente a una sustancia viscosa,
putrefacta, y no evocando esa agua clara y fresca sobre la que tanto han escrito
los poetas. Sin embargo, y a pesar de riachuelizaciones varias, el agua sigue
siendo, en el siglo XXI, fuente de vida y su ausencia provoca la muerte. Cuando
nos muestran en alguna película imágenes de un desierto, percibimos un paisaje
desolador y peligroso, de amenaza para la vida de plantas, animales, seres
humanos. ¡Cómo nos impacta ver, en los noticieros, las consecuencias de la
sequía que cada tanto aflige a algunas regiones de nuestro país!
Anteayer fue el Día Mundial del Agua,
instituido por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en 1993, con el fin
de generar conciencia sobre el aprovechamiento racional de los recursos hídricos
y promover su protección y conservación. También la Argentina tiene su propio
Día Nacional del Agua, el próximo miércoles, con finalidad semejante.
¿Sirven para algo estas fechas? Confiamos en
que sí y, para ser consecuentes con esa confianza, deseamos reforzar nuestro
compromiso para que algunos problemas no nos sorprendan desprevenidos. Así como
el tercer domingo de octubre se dice que cada día del año es el Día de la Madre,
hagamos lo mismo con la Madre Agua.
Tenemos que velar por el cuidado y la
conservación de las diversas fuentes de agua, pensando en toda la humanidad, del
presente y del futuro. Para que el acceso al agua sea posible para todos, hacen
falta justicia y solidaridad. Para que lo sea también para las generaciones
venideras, hay que insistir en criterios de justicia intergeneracional.
El papa Benedicto XVI, en su encíclica social,
nos enseñó que el agua "es uno de los derechos universales de todos los seres
humanos, sin distinciones ni discriminaciones". Dijo que la Iglesia no sólo debe
defender la tierra, el agua y el aire como dones de la creación que pertenecen a
todos. "Debe proteger al hombre contra la destrucción de sí mismo."
¿Parece exagerado? Para nada.
Los que habitamos en las ciudades tenemos una
relación con el agua que está condicionada por nuestro poder adquisitivo.
Hay barrios en los cuales se limpian las
veredas con abundancia de agua a presión y en algunos lugares públicos
-escuelas, bares, estaciones de servicio- se desperdician miles de litros por
canillas mal cerradas. Como contracara, en barriadas pobres vemos largas colas
de gente con baldes y tachos delante de una canilla que entrega un agónico y
raquítico chorrito. Los pobres son quienes viven en la ribera de los ríos
contaminados. No tienen agua potable ni cloacas. ¡Cuántas enfermedades se deben
a la escasez o la contaminación del agua!
En esta efemérides, se nos invita a una
consideración amplia de las fuentes de agua.
Los glaciares y acuíferos, que contienen aguas
milenarias: ríos, lagos, humedales. Los océanos... Sólo nombrarlos nos da
sensación de vida. La abundancia de biodiversidad está unida a lugares cercanos
al agua. Es muy importante cuidar este patrimonio -que es de todos-, y evitar la
monopolización de la compra de tierras en lugares que son y serán vitales para
la subsistencia humana. La privatización y la extranjerización de su propiedad
es una manera de no cuidar el agua. Es como malvender soberanía, o entregar al
mejor o al peor postor lo que es patrimonio común de los argentinos.
La Creación es un don de Dios para todos, y
tenemos una seria responsabilidad en su cuidado. ¿A qué se refieren los judíos
cuando, en idish , dicen tikún olam ? A un concepto básico que indica que cada
persona es responsable de cuidar la Creación. Claro como el agua.
También estamos cometiendo el pecado -nunca
mejor aplicado el término- de envenenar agua en muchos lugares del país y
estamos en riesgo muy serio de hacerlo en otros. Volcar al agua metales pesados
producto de la minería y de otros usos industriales, dejar correr sin control
productos químicos hacia los ríos (fertilizantes, plaguicidas) nos lleva a
riachuelizar aguas limpias. ¿Parece exagerado? Nuevamente, no lo creo.
Da pena constatar los grandes cambios en la
flora y en la fauna en torno de ríos, arroyos, lagos y lagunas. En algunos sólo
se pueden pescar botellas plásticas o viejas bolsas de residuos...
Lamentablemente es así. El Mar Argentino está quedando seco de merluza y
calamar, entre otras especies, debido a la sobreexplotación pesquera y a la
actividad de buques-factoría que operan casi en las sombras.
Debemos cuidarnos de la falsa ilusión de
confiar en que agua siempre habrá. La idea de un planeta ilimitado que resiste
todo tipo de abuso es falsa. Hay contaminaciones que son irreversibles. Es
imperioso, en nuestro país, establecer leyes firmes acerca del cuidado,
preservación y uso del agua, porque ella no es indestructible y eternamente
potable.
Otro aspecto importante por cuidar es el
relativo a la guerra y la paz. En muchos países, un litro de agua envasada
cuesta igual, o más, que un litro de combustible. Nosotros no estamos muy lejos
de eso. Por eso hay quienes afirman que así como en el siglo XX muchas guerras
se originaron por el petróleo, en el siglo XXI serán por el agua.
En los primeros días de este mes, una noticia
recorrió todos los portales informativos del mundo: "Un iceberg del tamaño de
Luxemburgo se ha desprendido de los glaciares de la Antártida después de que
otro iceberg gigante chocara contra él, según informaron científicos, que ahora
temen que este desprendimiento produzca cambios en la circulación oceánica. El
bloque de hielo tiene una longitud de 78 kilómetros, una anchura de entre 33 y
39 kilómetros, y un espesor medio de 400 metros", explicaba el diario El Mundo ,
de España.
Este fenómeno y sus implicancias nos están
diciendo mucho. ¿Sabremos entender el lenguaje de la naturaleza?
Hace poco escuché una consigna: "El agua vale
más que el oro", en alusión a la cantidad enorme de agua a la cual se le agrega
cianuro y se utiliza en la minería para "lavar" el metal. Y el agua sigue su
cauce? Es para pensar.
En las religiones y culturas desde la
antigüedad, el agua ha tenido lugar en cultos y en ritos diversos. En ellos se
toma simbólicamente su poder de limpieza y su capacidad de hacer crecer la vida.
Estamos ya cerca de la Semana Santa. Varias lecturas bíblicas del judaísmo y del
cristianismo hacen referencia al agua, don de Dios y fuente de vida. Para los
cristianos, el agua del bautismo nos purifica del pecado y nos hace hijos de
Dios.
El Día Mundial y el Nacional del Agua en el año
del Bicentenario debería motivarnos a la promoción de políticas públicas sobre
el uso racional del agua, que tenga en cuenta la salud del pueblo argentino, de
hoy y de siempre. Por nosotros y los que nos siguen en el camino de la vida.
Ninguna ganancia económica, pública o privada, debe estar por encima del bien
común social.
Una canción nos acompaña: "Si el hombre es un
pueblo/el agua es el mundo./Si el hombre es un niño /el agua es París./Si el
hombre la pisa/el agua salpica./Cuídala, como cuida ella de ti."
Sin riachuelizar y hablando del agua? no nos
lavemos las manos.