En las situaciones de desgano o apatía,
decimos que falta motivación.
En las situaciones de crisis o
desconcierto social, hacemos referencia
a la necesidad de liderazgos, que sean
capaces de observar, escuchar,
interpretar y mostrar algunas luces para
seguir en el camino.
Los líderes no se improvisan, ni tampoco
aparecen por publicar un aviso
clasificado en algún diario.
Miremos lo que sucede con lo que algunos
titularon “Milagro en Chile”. Un grupo
de 33 hombres en una situación durísima.
No perdieron la calma; se organizaron,
mantuvieron disciplina, racionaron al
máximo las pocas provisiones. Sabían que
el operativo rescate no dependía de
ellos. Pero también eran conscientes de
la necesidad de hacer todo lo que estaba
en sus manos. Y lo hicieron.
Esa capacidad de organizarse les ha
mantenido con vida. Entre ellos
surgieron líderes que son sabios.
Me contaba un amigo chileno que el clima
de fiesta vivido en su país, cuando se
supo que todos estaban con vida, era
algo hermoso y digno de resaltar.
¡Cómo los Medios de Comunicación son
capaces de tener en vilo a todo un país!
Y por qué no decirlo, a buena parte del
mundo.
Seguramente se seguirán conociendo en
estos días unos cuántos detalles de lo
que suceda tierra abajo.
Mientras tanto, tierra arriba el
campamento Esperanza —instalado por los
familiares de los mineros atrapados—
hace honra a su nombre.
En un video que está dando la vuelta al
mundo, se ve y escucha a los mineros
dando ánimo y presoñando el futuro,
mirando a la cámara.
Y nuevamente aparece la organización
como un escalón superador. Tiempo para
la higiene personal y del espacio
compartido. Tiempo para jugar. Tiempo
para alimentarse. Tiempo para
planificar. Tiempo para rezar.
Mina San José. Copiapó, desierto de
Atacama, Chile.
A 900 kilómetros de Santiago.
A 700 metros de profundidad.
17 días de espera para saber que “los
33” estaban con vida.
Con perforaciones de 15 centímetros de
diámetro para hacerles llegar víveres.
Faltan al menos 80 días para el rescate.
Y una eternidad para agradecer el
milagro.