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Documentos
y declaraciones del Episcopado Argentino
FAMILIA,
COMUNIÓN DE AMOR, TAREA DE TODOS
En
la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal que acabamos de
concluir, una vez más hemos fijado nuestra atención en la familia,
en las circunstancias críticas que le toca atravesar y en la
asistencia que procuramos ofrecerle.
1.
La belleza de la familia
Hemos
considerado su íntima belleza que le viene, ante todo, de ser obra
de Dios: “los creó varón y mujer...”, llamándolos a la
comunión del amor y a manifestar en su ser la imagen viva de la
Trinidad. En este inefable misterio, la familia encuentra la gracia
y la inspiración necesarias para vivir la comunión, en la
que podemos vislumbrar la inmensidad del amor de Dios que alegra y
plenifica el corazón del hombre.
La
familia se funda en el matrimonio, elevado también por Cristo a la
dignidad de sacramento, constituido por la unión estable,
perdurable, entre un varón y una mujer que comparten un proyecto
común abierto a la comunicación de la vida. Por eso no se la
puede equiparar a ningún otro tipo de unión.
Esa
familia merece el título de “santuario de la vida”. La vida
humana, realidad preciosa y sagrada, debe ser respetada desde su
concepción hasta su fin natural. Así lo reconocen también la
Constitucional Nacional y las de muchas Provincias.
2. Necesitamos leyes que promuevan la vida
Las
leyes deben cuidar y defender la vida, el primero de los
derechos humanos -inalienable e irrenunciable- y su “santuario”
que es la familia. Por eso quienes tienen responsabilidad de
legislar deben procurar hacerlo en el ámbito de un análisis
sereno, abierto a la verdad y respetuoso del bien común de la
sociedad, conscientes además del valor educativo que tienen las
leyes. Una ley justa ennoblece y promociona a la sociedad.
Esto lo reiteramos preocupados por la existencia de proyectos de ley
que pretenden legalizar el horrendo crimen del aborto.
También
en el proceso de crecimiento de la vida humana, consideramos
inaceptables, y a veces totalitarias, las leyes que tienden a
imponer planes de educación sexual en las escuelas sin
tener en cuenta el derecho primario y natural de los padres a
la educación de los hijos y sin referencia a los valores
morales y religiosos.
3. Recrear la convivencia familiar
La
familia tiene por vocación original ser escuela de humanidad, de
sociabilidad y de amor. En su seno se debe reconocer la propia
dignidad, se debe aprender a convivir y a descubrir la maravilla del
amor. La familia se convierte así en remedio por excelencia
para superar los efectos nocivos del desamparo y del abandono, con
trágicas consecuencias de violencia, delincuencia y adicciones, que
sufren especialmente los jóvenes.
Muchas
veces el desamparo y aún el abandono se deben a las
condiciones de extrema pobreza e incluso de miseria que aquejan a
tantos grupos familiares y a tantos ciudadanos en nuestra Patria.
Urge instaurar -lo decimos una vez más- una justicia demasiado
largamente esperada y promover la cultura del trabajo, requisito
necesario para un futuro más humano.
4. Importancia e influjo de los MCS
No
podemos dejar de mencionar, con dolor, el influjo negativo que
ejercen muchos medios de comunicación sobre las familias. Renovamos
por tanto, nuestro llamado a los responsables de los mismos para que
utilicen estos modernos instrumentos a fin de promover los
auténticos valores que alienten a las familias y no las dañen de
ningún modo.
5. El compromiso de los agentes de pastoral
Somos
conscientes del trabajo generoso de los sacerdotes, de los
consagrados y de tantos agentes pastorales en favor de las familias.
Les agradecemos de corazón su servicio, los alentamos a continuar
con entusiasmo su labor y al mismo tiempo los instamos a
revisar y actualizar su formación, a fin de que a través de
una renovada catequesis pueda resplandecer el “evangelio de la
familia” y su belleza.
Reconocemos,
sin embargo, como comunidad eclesial y particularmente como
pastores, las deficiencias en la atención y acompañamiento de las
familias, manifestadas por ejemplo en una predicación, una
catequesis y una educación escolar insuficientes; en orientaciones
morales a veces no plenamente concordes con la enseñanza de la
Iglesia; en la ausencia de consideración de temas indispensables
para la convivencia familiar, como la castidad conyugal –recta
vivencia de la sexualidad– y el mutuo respeto debido entre sus
miembros, especialmente con relación a la mujer. Nos duele también
comprobar que algunas situaciones difíciles son tratadas sin
suficiente espíritu de misericordia.
Persuadidos
de la inestimable importancia de la familia, queremos subsanar esas
deficiencias con una pastoral orgánica que la revalorice, y en
ello comprometer lo mejor de nuestros esfuerzos para atenderla
y ayudarla siguiendo las orientaciones del documento “Navega
mar adentro”.
6. Desde la experiencia de Dios amor, renovar la familia
El
encuentro con el rostro de Cristo vivo en el que brilla la feliz
noticia de la misericordia del Padre, abre nuestros corazones
a la comunión, la misión y la solidaridad.
El
Papa Juan Pablo II nos invita a rezar en familia. La familia que
reza unida permanece unida y reproduce el clima de la casa de
Nazareth: Jesús está en el centro, se comparten con él alegrías
y dolores, se ponen en sus manos las necesidades y proyectos, se
obtienen de él la esperanza y la fuerza para el camino. Esa
oración alcanza su culmen cuando la familia participa de la Misa
del domingo.
Anhelamos
también que en el amor manifestado en la cruz, las familias heridas
por el dolor o por cualquier clase de rupturas puedan
transfigurar sus situaciones y renovar la esperanza.
Agradecemos
a tantas familias de nuestra Patria por su testimonio silencioso de
alegría y fidelidad al don de Dios, y las alentamos a no decaer en
la tarea de hacer de cada hogar una escuela de comunión,
solidaridad y santidad.
A
la Sagrada Familia encomendamos todas las familias de nuestra Patria
a quienes hacemos llegar de corazón nuestro saludo afectuoso
y nuestra bendición.
Los Obispos de la Argentina, reunidos en la 86ª Asamblea
Plenaria
San
Miguel, 15 de noviembre de 2003 – Fiesta de San Alberto Magno
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