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Documentos
Diocesanos
REFLEXIONES PASTORALES SOBRE EL
CUIDADO DEL MEDIO AMBIENTE
Desde que se hizo
pública mi designación como Obispo de Gualeguaychú, de diversas
maneras, muchos me han preguntado acerca del conflicto suscitado
por la construcción de las plantas de pasta de celulosa.
Las
inquietudes me fueron planteadas por agentes pastorales
(sacerdotes, laicos), periodistas, algunos miembros de la
asamblea. Se podrían resumir en estas cuestiones: ¿Cuál es la
postura de la Iglesia? ¿Apoyan el reclamo? ¿Qué piensa del corte
de la ruta? ¿Le pidieron a usted como Obispo o a la Iglesia una
tarea mediadora?.
No cabe
duda que la situación es preocupante. Por eso me pareció
conveniente escribir estas líneas que quieren responder a
algunas inquietudes y aportar elementos que ayuden a reflexionar
desde una mirada pastoral.
En estos
días los presidentes de ambos países están intentando con
interrupciones instancias de diálogo que no son sencillas, y que
muestran avances que alientan y retrocesos que desconciertan.
Por eso estas reflexiones, no quieren ser una postura pública
ante la sociedad que pueda entorpecer o distraer, sino más bien
brindar algunas orientaciones pastorales. Las mismas buscan
ayudar a los sacerdotes, catequistas, directivos, docentes y
agentes pastorales en general.
A modo
de apéndice, encontrarán algunas citas y textos del Magisterio
que pueden utilizarse para profundizar alguno de los temas a los
que, juntos, nos vamos a acercar.
1)
La Iglesia y la
cuestión Social
La Constitución
Pastoral sobre “La Iglesia en el mundo actual” del Concilio
Vaticano II, afirma que “nada hay verdaderamente humano que
no encuentre eco en el corazón del Señor.” (G.S.1)
En las enseñanzas
del Concilio encontramos el marco teológico y pastoral adecuado
para asumir desde la fe toda problemática humana.
Es
abundante el Magisterio de la Iglesia acerca de cómo abordar
los temas sociales. El Papa Benedicto lo decía en su primera
Carta Encíclica a propósito de que nuestra tarea busca
“servir a la formación de las conciencias en la política”, y
con claridad afirmó también que la Iglesia “no puede ni debe
sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al
margen en la lucha por la justicia” (Deus Caritas Est nº
28).
El servicio a la
formación de las conciencias a que hace referencia el Santo
Padre es una tarea prolongada, mejor dicho, permanente. Busca
afianzar valores fundamentales para la convivencia social:
Verdad, Justicia, Libertad, Solidaridad, todos arraigados en el
Amor. Es una tarea ardua y no siempre valorada. Precisamente
porque vivimos en una crisis de orden moral, los valores sufren
de anemia y las normas tienen poco lugar. El Papa habla también
de “dictadura del relativismo”; que nos lleva a pensar
que si no hay una verdad objetiva, tampoco habrá un bien
inobjetable.
Iniciar
en este camino formativo es tarea primordial de las familias,
valorando decir siempre la verdad, promoviendo la ayuda a los
que más necesitan, buscando afianzar relaciones fraternas.
La
comunidad cristiana lo enseña en la catequesis, que busca
centrar el corazón creyente en “amar a Dios sobre todas las
cosas, y al prójimo como a uno mismo”. Este acercamiento
inicial al Evangelio busca luego desarrollarse en diversas
propuestas de seguimiento como discípulos del Señor en los
movimientos y comunidades; y encuentra su alimento especialmente
en la Misa de los Domingos.
También
la Escuela Católica tiene un rol importantísimo en la
inculturación del Evangelio que promueve el compromiso personal
y solidario en la construcción de una patria de hermanos.
Tan
importante es para los cristianos la participación en las
preocupaciones sociales, que tiene que ver con la santidad
misma. Los obispos de Argentina lo hemos expresado así:
“...
todo camino integral de santificación implica
un compromiso por el bien común social. (...) Nunca hemos de
disociar la santificación del cumplimiento de los compromisos
sociales” (NMA 74).
2)
La cuestión del medio ambiente en la
Doctrina Social de la Iglesia
Desde hace varias
décadas los Papas, el Concilio Vaticano II y el Episcopado
Latinoamericano han venido llamando la atención acerca del
descuido del medio ambiente, y lo que esta conducta conlleva: la
falta de respeto a la dignidad humana y el riesgo acerca del
futuro.
La problemática se
encuadra en el modo en que entendemos el mundo. Hoy
“prevalece una concepción reductiva que entiende el mundo actual
en clave mecanicista y el desarrollo en clave consumista.”
(Compendio de la D.S.I.: 462). Juan Pablo II advertía “el
ambiente como “recurso” pone en peligro el ambiente como “casa”.
Hay en
el Magisterio planteos que tienen relación a la moral personal y
otros que apuntan al orden económico local y universal. Las
primeras preocupaciones acerca del medio ambiente en el
Magisterio Social, aparecen a partir del crecimiento y expansión
de los procesos de industrialización en el mundo entero, y su
relación con el desarrollo de todo el hombre y todos los
hombres.
No es un
tema aislado, sino vinculado a una visión sobre la dignidad de
la persona humana, el orden social, el orden económico mundial,
el fundamento de los derechos humanos, la relación con Dios
creador.
3)
La cuestión del
agua
El uso del agua es
una temática que ha formado parte de varios encuentros y
estudios a nivel Universal, Continental, Local. En Roma se han
realizado varios Simposios y Seminarios consignados en el
Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, el CELAM ha
organizado algunos sobre “Tierra, agua y medio ambiente”.
La Conferencia Episcopal Argentina acaba de publicar “Una
Tierra para Todos” en el que aborda la temática de la Tierra
y hace referencia también a otros recursos naturales, sumándose
así a varias Conferencias Episcopales del Continente, que
advierten acerca de los perjuicios que hoy padecemos por abusos
del pasado, y los riesgos futuros por el mal uso del presente.
También algunas publicaciones de diarios y revistas han
elaborado artículos acerca del problema del agua en el mundo y
en nuestro país.
Hay un
crecimiento de la conciencia de la sociedad acerca del agua como
un bien tan necesario como escaso. Programas televisivos también
han denunciado tanto la enajenación de cuencas acuíferas como su
degradación, contaminación y mal uso.
4)
La preocupación por
la contaminación
Para abordar una
reflexión acerca de la actual situación del Río Uruguay, es
importante aclarar desde dónde nos ubicamos. Para los creyentes
los bienes creados por Dios son para el uso y la felicidad de
toda la humanidad.
En estos
últimos años se fue instalando gradualmente en la sociedad de
Gualeguaychú y alrededores, la preocupación por los riesgos de
contaminación que puede ocasionar la instalación de las plantas
para obtener pasta de celulosa.
La
problemática es por demás compleja, ya que tiene diversas
aristas: relaciones internacionales, derechos soberanos de los
pueblos, producción agrícola, cría de animales, apicultura,
turismo, calidad de vida. Un conflicto de intereses de difícil
compatibilización.
No es,
como se sabe, una cuestión puntual. Los procesos de forestación
iniciados en los países de la Región (incluido el nuestro) en
las últimas dos décadas apuntaban a la instalación y desarrollo
de este tipo de industrias.
La
reacción de la sociedad local fue sumando voluntades en otras
ciudades vecinas, y generalizando la conciencia de la necesidad
de participación.
Este
camino ha fortalecido el tejido social, uniendo diversos
sectores de la sociedad en la búsqueda de un bien superior, por
encima de los intereses particulares.
Por
causas diversas (entre las cuales podemos encontrar la
percepción de intentos de manipulación política de la
movilización popular y/o la desconfianza hacia lo institucional
propio de la época), estas inquietudes legítimas no se han
canalizado por medio de organizaciones políticas, sociales,
culturales. No digo que estas organizaciones están ausentes;
sino que no alcanzan a ser puente entre el sentir popular y
aquellos a quienes compete buscar soluciones.
Cabe
preguntarnos: ¿Qué está diciendo este modo de expresar el
reclamo? ¿Qué aporta al sistema democrático el estilo de la
asamblea? ¿En qué lo fortalece y en qué no? ¿Qué nos muestra
como camino a futuro? ¿Qué elementos objetivos legitiman las
decisiones? ¿Cuál es el modo en que se tiene en cuenta el
parecer de la minoría?.
5)
Un país des–cuidado
y des–controlado
Es importante
distinguir también en qué contexto nacional se “instala” este
reclamo.
Aunque
nos duela decirlo, a nuestra sociedad y sus dirigentes
(políticos y sociales) no les importa el cuidado del medio
ambiente. Tenemos conductas destructivas. Existe claramente una
falta de definición de políticas públicas en el mediano y largo
plazo junto con una débil aplicación de los marcos normativos en
la materia.
Algunos ejemplos
presentan esta problemática:
-
En materia de
políticas agropecuarias: la concentración de la propiedad de
la tierra en pocas manos, la expansión de la llamada
frontera agrícola, la tala de bosque nativo para plantar
soja, la ausencia de manejo adecuado de pesticidas,
fertilizantes y agroquímicos, la falta de políticas
sustentables de cuidado del suelo y el avance progresivo de
la desertificación
-
En materia de
protección de los recursos: la falta de políticas públicas
sustentables de protección de fuentes acuíferas frente al
creciente interés extranjero en su apropiación, la ausencia
de políticas públicas sustentables en materia de
contaminación atmosférica y su mitigación.
-
En cuanto a
inversiones, las deficientes políticas respecto de los
procesos y emprendimientos en relación a los recursos
naturales (por ejemplo, en materia minera)
Estos son algunos
casos que nos muestran cómo la falta de políticas públicas en
materia de recursos naturales y ambiente, inciden en la
alteración del equilibrio ecológico y la biodiversidad en
diversas zonas del país.
En este sentido,
podríamos seguir enumerando una serie de actividades muy
rentables para unos pocos que degradan, maltratan el medio
ambiente a la par que la calidad de vida de la sociedad en su
conjunto.
La pregunta que
surge entonces es: ¿a quién le importa el medio ambiente en
nuestro país?. El reclamo de los vecinos de Gualeguaychú y de
otras ciudades de la Región comenzó a escucharse y a ocupar
espacio creciente de modo simultáneo en los Medios de
Comunicación y en la agenda pública, no tanto porque preocupe el
riesgo de contaminación, sino más bien porque el corte de ruta
impide el acceso al puente internacional.
6)
La fraternidad
entre los pueblos
Uno de los valores a
cuidar es la fraternidad universal entre los pueblos, que
comienza a fomentarse desde los más cercanos y vecinos. Este
valor debiera ser determinante y constituir un marco de
referencia permanente en esta problemática. A nivel
Latinoamericano, hace años venimos insistiendo en la necesaria
unidad de Identidad, Integración y Desarrollo.
Cada uno de estos
elementos son integrantes necesarios a la hora de pensar en
nuestros pueblos como Región. La identidad nos habla de quién es
cada uno, pero también de un nosotros histórico, de un camino ya
recorrido en común. La integración nos hace mirar el presente
por construir entendiéndonos en fraternidad. El desarrollo no es
mirado sólo desde una perspectiva economicista, sino como factor
integrador de todo el hombre y todos los hombres.
Desde nuestras
comunidades cristianas podemos hacer mucho en esta dirección.
Debemos cuidarnos de no derivar la situación a un conflicto
entre dos pueblos hermanos. Podemos trabajar desde la oración,
el diálogo, la reflexión, la participación.
La Pascua nos invita
a renovarnos en la esperanza. El amor es más fuerte que el odio,
y la vida puede más que la muerte. De una orilla a otra del río
lo que nos une es el agua, y no lo que nos separa.
Jorge E. Lozano
Obispo de
Gualeguaychú
APÉNDICE
TEXTOS PARA PROFUNDIZAR
1) La Iglesia y la
cuestión Social
1.–
“Los gozos y las
esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro
tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez
gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de
Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su
corazón” (G.S.1).
2.–
La Iglesia “quiere
servir a la formación de las conciencias en la política y contribuir
a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la
justicia” (...) “La Iglesia no puede ni debe emprender por
cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa
posible”. (Deus Caritas Est, 28)
3.–
“...
todo camino integral de
santificación implica un compromiso por el bien común social. Se
trata de presentar el anuncio de Jesucristo, Señor y Salvador, con
valentía, audacia y ardor testimonial, integrando mejor en la acción
pastoral la opción por los pobres, la promoción humana y la
evangelización de la cultura. Nunca hemos de disociar la
santificación del cumplimiento de los compromisos sociales”
(NMA 74).
Ver también NMA
95-97: “Iglesia servidora para una sociedad responsable y justa”.
4.–“La sociedad
actual no hallará una solución al problema ecológico si no revisa
seriamente su estilo de vida. En muchas partes del mundo esta misma
sociedad se inclina al hedonismo y al consumismo, pero permanece
indiferente a los daños que éstos causan. Como ya he señalado, la
gravedad de la situación ecológica demuestra cuan profunda es la
crisis moral del hombre. Si falta el sentido del valor de la persona
y de la vida humana, aumenta el desinterés por los demás y por la
tierra. La austeridad, la templanza, la autodisciplina y el espíritu
de sacrificio deben conformar la vida de cada día a fin de que la
mayoría no tenga que sufrir las consecuencias negativas de la
negligencia de unos pocos.
Hay pues una
urgente necesidad de educar en la responsabilidad ecológica:
responsabilidad con nosotros mismos y con los demás, responsabilidad
con el ambiente. Es una educación que no puede basarse simplemente
en el sentimiento o en una veleidad indefinida. Su fin no debe ser
ideológico ni político, y su planteamiento no puede fundamentarse en
el rechazo del mundo moderno o en el deseo vago de un retorno al
«paraíso perdido». La verdadera educación de la responsabilidad
conlleva una conversión auténtica en la manera de pensar y en el
comportamiento. A este respecto, las Iglesias y las demás
Instituciones religiosas, los Organismos gubernamentales, más aún,
todos los miembros de la sociedad tienen un cometido preciso a
desarrollar. La primera educadora, de todos modos, es la familia, en
la que el niño aprende a respetar al prójimo y amar la naturaleza.”
(Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada
Mundial de la Paz, 1º de enero de 1990, “PAZ CON DIOS CREADOR PAZ
CON TODA LA CREACIÓN”, Nº 13).
2)
La cuestión del medio ambiente en la Doctrina
Social de la Iglesia
5.–
“EL
Mensaje bíblico y el Magisterio de la Iglesia constituyen los puntos
de referencia esenciales para valorar los problemas que se plantean
en las relaciones entre le hombre y el medio ambiente. (Cfr. Pablo
VI, carta apostólica Octogésima adveniens, 21: AAS 63 (1971)
416-417). En el origen de estos problemas se puede percibir la
pretensión de ejercer un dominio absoluto sobre las cosas por parte
del hombre, un hombre indiferente a las consideraciones de orden
moral que deben caracterizar toda actividad humana”.
“La tendencia a
la explotación “inconsiderada” (ibidem Pablo VI) de los recursos de
la creación es el resultado de un largo proceso histórico y
cultural: “La época moderna ha experimentado la creciente capacidad
de intervención transformadora del hombre. El aspecto de la
conquista y de explotación de los recursos ha llegado a predominar y
a extenderse, y amenaza hoy la misma capacidad de acogida del medio
ambiente: A causa de los poderos medios de transformación que brinda
la civilización tecnológica, a veces parece que el equilibrio
hombre- ambiente ha alcanzado un punto crítico. (Discurso a los
participantes en un Congreso Internacional sobre “ambiente y salud”
(24 de marzo de 1997), 2: L`Osservatore Romano, edición española, 11
de abril de 1997, p.7)
(Compendio de la D.S.I.: 461).
6.–
(...) “prevalece
una concepción reductiva que entiende el mundo actual en clave
mecanicista y el desarrollo en clave consumista. El primado
atribuido al hacer y al tener más que al ser, es causa de graves
formas de alineación humana. (Cfr. Juan Pablo II, Carta encíclica
Sollicitudo rei socialis, 28: AAS 80 (1988) 548-550)”
(Compendio de la D.S.I.: 462)
(...)“La
tecnología que contamina, también puede descontaminar; la producción
que acumula, también puede distribuir equitativamente, a condición
de que prevalezca la ética del respeto a la vida, a la dignidad del
hombre y a los derechos de las generaciones humanas presentes y
futuras” (Juan Pablo II, Discurso a los participantes en un Congreso
Internacional sobre “ambiente y salud” (24 de marzo de 1997), 5:
L`Osservatore Romano, edición española, 11 de abril de 1997, p.7)”
(Compendio de
la D.S.I.: 465)
7.–
“La programación
del desarrollo económico debe considerar atentamente “la necesidad
de respetar la integridad y los ritmos de la naturaleza” (Juan Pablo
II, carta encíclica Sollicitudo rei socialis, 26: AAS 80 (1988)
546.) porque los recursos naturales son limitados y algunos no son
renovables. El actual ritmo de explotación amenaza seriamente la
disponibilidad de algunos recursos naturales para el presente y el
futuro. (Cfr, Juan Pablo II, carta encíclica Sollicitudo rei
socialis, 34: AAS 80 (1988) 559-560). La solución del problema
ecológico exige que la actividad económica respete mejor el medio
ambiente, conciliando las exigencias del desarrollo económico con
las de la protección ambiental. (...) una economía que respete el
medio ambiente no buscará únicamente el objetivo del máximo
beneficio, por que la protección ambiental no puede asegurarse sólo
en base al cálculo financiero de costos y beneficios.”
(Compendio de la D.S.I.: 470).
8.–
(...) “Por otra
parte, la tierra es esencialmente una herencia común, cuyos frutos
deben ser para beneficio de todos. «Dios ha destinado la tierra y
cuanto ella contiene para uso de todo el género humano», ha afirmado
el Concilio Vaticano II (Constitución pastoral Gaudium et spes,
sobre la Iglesia en el mundo actual, 69). Esto tiene implicaciones
directas para nuestro problema. Es injusto que pocos privilegiados
sigan acumulando bienes superfluos, despilfarrando los recursos
disponibles, cuando una gran multitud de personas vive en
condiciones de miseria, en el más bajo nivel de supervivencia. Y es
la misma dimensión dramática del desequilibrio ecológico la que nos
enseña ahora cómo la avidez y el egoísmo, individual y colectivo,
son contrarios al orden de la creación, que implica también la mutua
interdependencia.” (Juan Pablo II, Mensaje
para la Jornada Mundial de la Paz, 1º de enero de 1990,
“PAZ CON DIOS CREADOR PAZ CON TODA
LA CREACIÓN”, Nº 8).
3) La
cuestión del agua
9.–
“También
en el campo de la Ecología la doctrina social invita a tener
presente que los bienes de las tierra han sido creados por Dios para
ser sabiamente usados por todos: estos bienes deben ser
equitativamente compartidos, según la justicia y la caridad. Se
trata fundamentalmente de impedir la injusticia de una acaparamiento
de los recursos: la avidez, ya sea individual o colectiva es
contraria al orden de la creación. (Cfr. Concilio Vaticano II
constitución Pastoral
Gaudium et spes,69: AAS 58 (1966) 1092-1092; Pablo VI carta
encíclica
Popolorum progressio, 22: AAS 59 (1967) 268.”
(Compendio de la D.S.I.: 481)
10.–
“El principio del
destino universal de los bienes, naturalmente, se aplica también al
agua” (Compendio de la D.S.I.: 481)
11.–
“«El agua,
elemento de la Creación, manantial de vida, es un bien universal
común destinado a toda la familia humana». Lo reitera la Santa Sede
en el documento que ha presentado ante el IV Foro Mundial sobre el
Agua que se está celebrando en la capital de México, desde el pasado
16 de marzo y que finalizará mañana (22 de
marzo de 2006). El documento, advierte que
«el derecho humano al agua es un factor clave para la paz y la
seguridad» en nuestro planeta.
«El agua es mucho más
que una simple necesidad humana básica. Es un elemento esencial,
irremplazable, para asegurar la continuidad de la vida. El agua está
íntimamente ligada a los derechos humanos fundamentales, como el
derecho a la vida, a la alimentación y a la salud». Evocando el
mensaje que Juan Pablo II dirigió a los obispos de Brasil en 2004,
el mencionado documento de la Santa Sede hace hincapié en la
urgencia de asegurar este bien universal a toda la familia humana.
En el apartado «Una
cultura del agua», la Santa Sede advierte de la inmoralidad del
derroche del agua en los países desarrollados, donde los ciudadanos
no se dan cuenta de que viven en una situación privilegiada y no
piensan «en las consecuencias que el despilfarro del agua acarrea en
las vidas de nuestros hermanos y hermanas en el resto del mundo».
Con la mirada
puesta en el ser humano que «es el centro de las preocupaciones
expresadas en este documento actualizado», la Santa Sede reafirma
que «el objetivo primario de todos los esfuerzos debe ser el
bienestar de aquellos, hombres, mujeres, niños, familias y
comunidades que viven en los lugares más pobres del mundo y sufren,
más que nadie, por la escasez de recursos hídricos».”
(Párrafos extraídos del artículo «Santa Sede: el
agua, factor clave para la paz y la seguridad» publicado el 21 de
marzo en la página web de Radio Vaticano)
4) La
preocupación por la contaminación
12.–
(...) “La
disminución gradual de la capa de ozono y el consecuente «efecto
invernadero» han alcanzado ya dimensiones críticas debido a la
creciente difusión de las industrias, de las grandes concentraciones
urbanas y del consumo energético. Los residuos industriales, los
gases producidos por la combustión de carburantes fósiles, la
deforestación incontrolada, el uso de algunos tipos de herbicidas,
de refrigerantes y propulsores; todo esto, como es bien sabido,
deteriora la atmósfera y el medio ambiente. De ello se han seguido
múltiples cambios metereológicos y atmosféricos cuyos efectos van
desde los daños a la salud hasta el posible sumergimiento futuro de
las tierras bajas.” (Juan Pablo II,
Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1º de enero de 1990, “PAZ
CON DIOS CREADOR PAZ CON TODA LA CREACIÓN”, Nº 6)
13.–
“Pero el signo más
profundo y grave de las implicaciones morales, inherentes a la
cuestión ecológica, es la falta de respeto a la vida, como se ve en
muchos comportamientos contaminantes.
Las razones de
la producción prevalecen a menudo sobre la dignidad del trabajador,
y los intereses económicos se anteponen al bien de cada persona, o
incluso al de poblaciones enteras. En estos casos, la contaminación
o la destrucción del ambiente son fruto de una visión reductiva y
antinatural, que configura a veces un verdadero y propio desprecio
del hombre. Asimismo, los delicados equilibrios ecológicos son
alterados por una destrucción incontrolada de las especies animales
y vegetales o por una incauta explotación de los recursos; y todo
esto —conviene recordarlo— aunque se haga en nombre del progreso y
del bienestar, no redunda ciertamente en provecho de la humanidad.”
(Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1º de
enero de 1990, “PAZ CON DIOS CREADOR PAZ CON TODA LA CREACIÓN”, Nº
7)
14.–
“La tutela del
medio ambiente constituye un desafió para la entera humanidad: se
trata del deber, común y universal, de respetar un bien colectivo,
(Juan Pablo II, Carta encíclica Centesimus
annus, 40: AAS 83 (1991) 843.) destinado a todos”
(Compendio de la D.S.I.: 466).
15.–
“Actualmente hay
más de 1.200 millones de personas en todo el mundo que no disponen
de acceso al agua potab1e, de los cuales una amplia mayoría reside
en zonas rurales. A esto hay que añadir que el consumo se incrementa
a una tasa dos veces superior a la del crecimiento de la población.
Y, si bien este problema no es nuevo, recién ahora comienza a ser
considerado como una verdadera amenaza para la mayoría de los
países. Al contar la Argentina con un importante reservorio mundial
de agua dulce (el manto Patagónico, el Acuífero Guaraní y los ejes
hídricos de los afluentes de los ríos de La Plata, Paraná y
Paraguay, entre otros), el país se ha convertido en un objetivo
vulnerable a los intereses trasnacionales que fomentan la
privatización de las empresas públicas de aguas, incluyendo el
control de su procesamiento y distribución, y la compra de tierras
que contengan importantes recursos acuíferos.”
(C.E.A., “Una Tierra Para Todos”. Pág.: 42-43).
5) Un
país des–cuidado y des–controlado
16.–
“Es preciso
añadir también que no se logrará el justo equilibrio ecológico si no
se afrontan directamente las formas estructurales de pobreza
existentes en el mundo. Por ejemplo, en muchos Países la pobreza
rural y la distribución de la tierra han llevado a una agricultura
de mera subsistencia así como al empobrecimiento de los terrenos.
Cuando la tierra ya no produce muchos campesinos se mudan a otras
zonas —incrementando
con frecuencia el proceso de deforestación incontrolada—
o bien se establecen en centros urbanos que carecen de estructuras y
servicios. Además, algunos Países con una fuerte deuda están
destruyendo su patrimonio natural ocasionando irremediables
desequilibrios ecológicos, con tal de obtener nuevos productos de
exportación.” (Juan Pablo II, Mensaje para
la Jornada Mundial de la Paz, 1º de enero de 1990, “PAZ CON DIOS
CREADOR PAZ CON TODA LA CREACIÓN”, Nº 11)
17.–
“En cuanto a la
sustentabilidad del suelo y de
los recursos
naturales, los principales aspectos relevantes que impactan en
el escenario del país son:
*
Las nuevas tecnologías de producción, con un acelerado proceso de
transformación del laboreo convencional al sistema de siembra
directa.
* El crecimiento de la frontera agrícola con incorporación de
nuevas tierras (en general correspondientes a ambientes frágiles y
riesgosos).
* La incorporación a la producción de emprendimientos empresariales
de alta escala con nuevas modalidades de relación económica y
social.
* En este marco, alrededor de 40 millones de hectáreas de bosques
naturales que tiene actualmente la Argentina experimentan una lenta
pero sistemática degradación o destrucción. Según datos del
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Secretaría
de Medio Ambiente, la Argentina ha perdido el 70% de sus bosques
desde 1935. Asimismo, los bosques nativos que en 1914 ocupaban el
39% del territorio nacional, sólo ocupaban en 1987 un 14%. Y si
bien, Argentina posee una gran cantidad de zonas con recursos
forestales, éstas regiones han sido sobreexplotadas de forma
indiscriminada, produciendo alteraciones en su ecosistema y hasta
poniendo en peligro a las mismas, especialmente la denominada zona
del Impenetrable en el Chaco y la selva Misionera.”
(C.E.A., “Una Tierra Para Todos”. Pág.: 43-44).
6) La fraternidad entre
los pueblos
18.–
“Los conceptos de
orden del universo y de herencia común ponen de relieve la necesidad
de un sistema de gestión de los recursos de la tierra, mejor
coordinado a nivel internacional. Las dimensiones de los problemas
ambientales sobrepasan en muchos casos las fronteras de cada Estado.
Su solución, pues, no puede hallarse sólo a nivel nacional.
Recientemente se han dado algunos pasos prometedores hacia esta
deseada acción internacional, pero los instrumentos y los organismos
existentes son todavía inadecuados para el desarrollo de un plan
coordinado de intervención.” (Juan Pablo
II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1º de enero de 1990,
“PAZ CON DIOS CREADOR PAZ CON TODA LA CREACIÓN”, Nº 9).
19.–
“La crisis
ecológica pone en evidencia la urgente necesidad moral de una nueva
solidaridad, especialmente en las relaciones entre los Países en
vías de desarrollo y los Países altamente industrializados. Los
Estados deben mostrarse cada vez más solidarios y complementarios
entre sí en promover el desarrollo de un ambiente natural y social
pacífico y saludable.” (Juan Pablo II,
Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1º de enero de 1990, “PAZ
CON DIOS CREADOR PAZ CON TODA LA CREACIÓN”, Nº 10).
20.–
“Al final de este
Mensaje deseo dirigirme directamente a mis hermanos y hermanas de la
Iglesia católica para recordarles la importante obligación de cuidar
toda la creación. El compromiso del creyente por un ambiente sano
nace directamente de su fe en Dios creador, de la valoración de los
efectos del pecado original y de los pecados personales, así como de
la certeza de haber sido redimido por Cristo. El respeto por la vida
y por la dignidad de la persona humana incluye también el respeto y
el cuidado de la creación, que está llamada a unirse al hombre para
glorificar a Dios (cfr. Sal 148 y 96).”
(Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1º de
enero de 1990, “PAZ CON DIOS CREADOR PAZ CON TODA LA CREACIÓN”, Nº
16).
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